Esta es otra poesía que me hubiera gustado compartir con mi hijo.
¿Qué me dirás ahora hijo mío?
Ahora que el último nevado
evaporó su cristalina cresta
y la mágica brújula del cóndor
se extravió en la noche interminable.
Ahora que el eterno ciervo de las montañas
cayó abatido sobre
los escombros del bosque
y la ballena es sólo un recuerdo
que se ahoga como un mito.
¿Qué te diré hijo mío?
Que no tuve tiempo,
que la tertulia,
que el cansancio;
que no podía dejar de escribir,
que no me lo advirtieron,
¿No se que te diré hijo mío?
1 comentario:
Los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que los amigos siempre los sienta uno muy cerca, aunque en realidad estén muy lejos el uno del otro.
David Rosales Navia
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