domingo, 16 de noviembre de 2008

Presagio

Esta es otra poesía que me hubiera gustado compartir con mi hijo.

¿Qué me dirás ahora hijo mío?
Ahora que el último nevado
evaporó su cristalina cresta
y la mágica brújula del cóndor
se extravió en la noche interminable.
Ahora que el eterno ciervo de las montañas
cayó abatido sobre
los escombros del bosque
y la ballena es sólo un recuerdo
que se ahoga como un mito.
¿Qué te diré hijo mío?
Que no tuve tiempo,
que la tertulia,
que el cansancio;
que no podía dejar de escribir,
que no me lo advirtieron,
¿No se que te diré hijo mío?

1 comentario:

David Rosales dijo...

Los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que los amigos siempre los sienta uno muy cerca, aunque en realidad estén muy lejos el uno del otro.

David Rosales Navia